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El rostro es un mapa del alma y de la historia de su vida… Sus montañas, valles y lagos relatan la historia de alturas y depresiones, hablan de las huellas que la vida deja a su paso. Al igual que lavamos y cuidamos nuestra piel desde el exterior, así también desde nuestro interior podemos preocuparnos por armonizar las facciones de nuestra cara. En el tratamiento de Facial Harmony son estimuladas las vías de energía de la cara, la cabeza, el cuello y la nuca a través de un suave contacto. El resultado es un lifting natural, sin necesidad de productos cosméticos ni médicos.
Siendo un tratamiento muy sutil, invita a un estado de profunda relajación meditativa en la que el cliente puede olvidar durante una hora el ajetreo del día a día. Durante este tiempo, se desbloquea la energía que ha quedado atrapada en los tejidos, desapareciendo así la carga que marca las facciones. El resultado es un rostro relajado, con una expresión bella y luminosa.
Además, un tratamiento puede modificar nuestro estado emocional. Sabemos que el estrés contrae nuestras facciones, pero el mismo mecanismo también funciona en el sentido contrario: si relajamos los músculos asociados al miedo, la tristeza o el enfado, podemos abrir el paso a otros sentimientos, como la alegría o la felicidad. Después de un tratamiento de Facial Harmony, muchos sienten una gran paz interior y una serena satisfacción.
El método está basado en una técnica de relajación muscular que desarrolló el terapeuta Stanley Rosenberg. En su trabajo con actores de teatro observó cómo éstos podían expresar emociones mímicamente mucho mejor si sus rasgos faciales estaban libres de estrés. La escocesa Tanmayo Lana Lawson aprendió la técnica de Rosenberg y desarrolló, junto con Anna Mc Roberts el actual método de Facial Harmony. Con una sola sesión ya se notan y se ven los cambios. Para obtener un resultado óptimo se recomienda una serie de siete sesiones.
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